Nada tiene que ver el loro o perico, el ave de verde plumaje del que toma el nombre este plato con el mismo. La única relación entre ambos podría ser que se prepara con huevos o que entre sus ingredientes se encuentra el color verde.
Lo cierto es que resulta tradicional, mayoritariamente en desayunos o cenas, para los habitantes de cualquier ciudad de la tierra de Bolívar, comerlo acompañado de Arepa o Pan.
Su preparación es sumamente sencilla y los ingredientes están a la mano para todas las familias, sin importar la clase social, tal vez de allí se deba su popularidad.
Se necesita un huevo o 2 para cada persona, dependiendo del apetito de la misma, pero la receta la basaré en 6 huevos, que en teoría servirán para 6 o menos comensales.
Además de los huevos, igualmente se necesitan 2 tomates medianos, 1 cebolla redonda y 4 ajíes dulces.
Tanto la cebolla, como los tomates y los ajíes, se cortan en trocitos pequeños, y en un sartén con aproximadamente 4 cucharadas de aceite y a fuego moderado se sofríen hasta que la cebolla se ponga tierna o transparente.
Mientras tanto se toman los huevos y se baten en un recipiente.
Luego se agregan a la sartén, se les pone sal al gusto y se van revolviendo con los demás ingredientes, hasta que el punto de cocción se encuentre al gusto de las personas que lo ingerirán. Así los huevos podrán quedar blandos, intermedios o duros.
En hogares humildes en ocasiones se obvia alguno de los ingredientes sin perder por esta razón el nombre de Perico y en Restaurantes mas sofisticados se prepara una variedad en la que se le agrega al aceite 2 cucharadas de mantequilla y a la preparación un chorrito de leche fría y una pizca de bicarbonato o polvo de hornear y se le eliminan los ajíes.
También hay variaciones y combinaciones personales en las que se agregan pimentón y carne o pollo mechado.
Lo cierto es que este perico que combina los colores blancos, rojo y verde y que no vuela, es un plato popular y sencillo, que podemos preparar sin tener conocimientos culinarios.
domingo 8 de noviembre de 2009
sábado 2 de mayo de 2009
El Señor Tequeño
Existe un invitado que pocas veces falta a cualquier fiesta o reunión venezolana de cualquier clase social, este es el señor tequeño, el pasapalo venezolano por excelencia.
Tiene su génesis este a principios del siglo XX, en la población de Los Teques, de allí se deriva su nombre.
En esa época las familias de clase alta caraqueña acostumbraban veranear en sus casas situadas en esas latitudes y por supuesto en esos viajes iban acompañadas de sus cocineras y cocineros.
A alguno de esos chef improvisados un día se le ocurrió tomar la masa de harina, hecha a mano, que utilizaban para los pastelitos, en ese entonces y aun actualmente, un pasapalo made in Venezuela, y con ella enrollar un trozo de queso rectangular, al cual terminaron friéndolo y gustosos de esa combinación lo utilizaron como novedad, sirviéndolos junto con los pastelitos a sus patrones.
Nunca imaginó ese cocinero o cocinera que ese Frankestein culinario que había creado, con el tiempo se convertiría en el pasapalo obligado en la mesa venezolana.
Hacer tequeños resulta sencillo, tanto que cualquiera puede hacerlo, de allí su popularidad, aunque hacerlos ricos y buenos tiene sus secretos, los cuales voy a develarles acá.
Si desea estrenarse para halagar a sus invitados en una fiesta, voy a darles las porciones necesarias para hacer unos cien de esos deliciosos y coloniales pasapalos venezolanos.
Tome medio kilo de harina de trigo, preferiblemente leudante, ya no necesita hacer la harina casera de trigo porque ya vienen procesadas y listas para usar, colóquela en un recipiente y extiéndala en forma de corona, de manera que le quede una abertura en el centro, donde agregará doscientos cincuenta gramos de mantequilla, media cucharadita de sal y cinco de azúcar.
Vaya integrando con las manos todos los ingredientes que ha echado en el recipiente, recordando su época en el jardín de párvulos cuando jugaba con plastilina, el resultado de estos recuerdos infantiles le dará una mezcla arenosa y grumosa, a la que le añadirá dos huevos y progresivamente agua tibia, en la medida que requiera hasta formar una masa suave y elástica, que amasará hasta que esta no se pegue en el recipiente ni en las manos. Haga una bola y deje reposar a temperatura ambiente por una hora.
Mientras la masa reposa pique el queso en rectángulos de 7 x 2 cms o en el tamaño que desee, recuerde que el resultado final siempre será de una longitud y espesor mayor.
Este queso debe ser semi duro, blanco, no muy salado, que al derretirse no llegue a quedar liquido. Muchos fabricantes locales toman el queso ya picado previamente en rectángulos y lo congelan para que al freírse se mantenga uniforme.
En el tiempo que le sobra antes de cumplirse la hora, vaya acomodando el mesón, la tabla o el lugar donde pasará a la segunda fase de la creación de este pasapalo, igualmente puede tomar algunos minutos para refrescarse y llenar de aire sus pulmones.
Cumplido el intervalo antes mencionado, la masa ya se encuentra lista para que usted la estire por medio de un rodillo.
En cuantas partes la corta para estirarla queda a gusto suyo, todo dependerá de la fuerza que desee impregnar a la operación. Algunos la cortan en dos y tres pedazos.
Usted toma los pedazos y los va estirando uno a uno, en el lugar que ha escogido, al cual espolvoreará con un poquito de harina, con la ayuda del rodillo, cual remero en competencia, hasta que el espesor de la masa sea de aproximadamente medio centímetro.
Algunas amas de casa utilizan harina de hojaldre pero el sabor no es el mismo, así que preferiblemente siga los pasos arriba indicados, ya que si bien es cierto que se ahorrará el trabajo de estirar, los ingredientes varían.
Estirada la masa, como toda una buena ingeniera culinaria, usted la cortará en tiras uniformes, calculando que estas puedan cubrir perfectamente los rectángulos de queso que usted ha picado.
Como la masa queda elástica, usted procurará cubrir bien los palitos de queso, de manera que al enrollarla no le queden huecos, ya que el aceite caliente penetrará y derretirá el relleno.
Puede usted calentar el sartén o caldero con abundante aceite mientras prepara los pasapalos o hacerlo posteriormente que estén todos listos.
Se acostumbra acá, no freírlos hasta que el tiempo de servirlos sea poco, ya que de esa forma llegan a una temperatura templada a la boca de los comensales.
Usted puede guardarlos en la nevera o mantenerlos a temperatura ambiente si el lapso para freírlos no es demasiado largo.
Cuando llegue el momento de terminar de crear este Frankestein culinario venezolano, usted debe tener en cuenta que el aceite debe estar suficientemente caliente, ya que el tiempo que estos permanecerán en el sartén o caldero será aproximadamente de dos a cuatro minutos, hasta que estos se encuentren dorados.
Sáquelos y colóquelos sobre papel absorbente o sobre una cesta para que escurra los restos de aceite y deje enfriar por unos dos minutos antes de servirlos.
Como pasapalos se utilizan solos, pero como plato principal se acostumbra acompañarlo con diversos tipos de salsas, al gusto y preferencia del comensal, la más tradicional acá es la tártara o simplemente mayonesa.
Las combinaciones quedan a la imaginación y pericia del cocinero o la cocinera.
Hay variaciones diferentes que mantienen la misma masa pero cambian el relleno y utilizan algunos además de queso, jamón, otros salchichas y los más atrevidos incluso pollo o carne.
Existe una variación zuliana en la cual al queso le agregan jamón y plátano maduro frito y lo llaman tequeyoyo.
Queda para usted inventar, crear o mantener la esencia del mismo.
Cierro con dos comentarios.
Hay quienes duplican el tamaño original de estos pasapalos y como los hacen muy largos se les ha dado por llamar en estas tierras tequeñones y existe igualmente una expresión popular que asocia a las personas de baja estatura con el nombre de este pasapalo.
Tiene su génesis este a principios del siglo XX, en la población de Los Teques, de allí se deriva su nombre.
En esa época las familias de clase alta caraqueña acostumbraban veranear en sus casas situadas en esas latitudes y por supuesto en esos viajes iban acompañadas de sus cocineras y cocineros.
A alguno de esos chef improvisados un día se le ocurrió tomar la masa de harina, hecha a mano, que utilizaban para los pastelitos, en ese entonces y aun actualmente, un pasapalo made in Venezuela, y con ella enrollar un trozo de queso rectangular, al cual terminaron friéndolo y gustosos de esa combinación lo utilizaron como novedad, sirviéndolos junto con los pastelitos a sus patrones.
Nunca imaginó ese cocinero o cocinera que ese Frankestein culinario que había creado, con el tiempo se convertiría en el pasapalo obligado en la mesa venezolana.
Hacer tequeños resulta sencillo, tanto que cualquiera puede hacerlo, de allí su popularidad, aunque hacerlos ricos y buenos tiene sus secretos, los cuales voy a develarles acá.
Si desea estrenarse para halagar a sus invitados en una fiesta, voy a darles las porciones necesarias para hacer unos cien de esos deliciosos y coloniales pasapalos venezolanos.
Tome medio kilo de harina de trigo, preferiblemente leudante, ya no necesita hacer la harina casera de trigo porque ya vienen procesadas y listas para usar, colóquela en un recipiente y extiéndala en forma de corona, de manera que le quede una abertura en el centro, donde agregará doscientos cincuenta gramos de mantequilla, media cucharadita de sal y cinco de azúcar.
Vaya integrando con las manos todos los ingredientes que ha echado en el recipiente, recordando su época en el jardín de párvulos cuando jugaba con plastilina, el resultado de estos recuerdos infantiles le dará una mezcla arenosa y grumosa, a la que le añadirá dos huevos y progresivamente agua tibia, en la medida que requiera hasta formar una masa suave y elástica, que amasará hasta que esta no se pegue en el recipiente ni en las manos. Haga una bola y deje reposar a temperatura ambiente por una hora.
Mientras la masa reposa pique el queso en rectángulos de 7 x 2 cms o en el tamaño que desee, recuerde que el resultado final siempre será de una longitud y espesor mayor.
Este queso debe ser semi duro, blanco, no muy salado, que al derretirse no llegue a quedar liquido. Muchos fabricantes locales toman el queso ya picado previamente en rectángulos y lo congelan para que al freírse se mantenga uniforme.
En el tiempo que le sobra antes de cumplirse la hora, vaya acomodando el mesón, la tabla o el lugar donde pasará a la segunda fase de la creación de este pasapalo, igualmente puede tomar algunos minutos para refrescarse y llenar de aire sus pulmones.
Cumplido el intervalo antes mencionado, la masa ya se encuentra lista para que usted la estire por medio de un rodillo.
En cuantas partes la corta para estirarla queda a gusto suyo, todo dependerá de la fuerza que desee impregnar a la operación. Algunos la cortan en dos y tres pedazos.
Usted toma los pedazos y los va estirando uno a uno, en el lugar que ha escogido, al cual espolvoreará con un poquito de harina, con la ayuda del rodillo, cual remero en competencia, hasta que el espesor de la masa sea de aproximadamente medio centímetro.
Algunas amas de casa utilizan harina de hojaldre pero el sabor no es el mismo, así que preferiblemente siga los pasos arriba indicados, ya que si bien es cierto que se ahorrará el trabajo de estirar, los ingredientes varían.
Estirada la masa, como toda una buena ingeniera culinaria, usted la cortará en tiras uniformes, calculando que estas puedan cubrir perfectamente los rectángulos de queso que usted ha picado.
Como la masa queda elástica, usted procurará cubrir bien los palitos de queso, de manera que al enrollarla no le queden huecos, ya que el aceite caliente penetrará y derretirá el relleno.
Puede usted calentar el sartén o caldero con abundante aceite mientras prepara los pasapalos o hacerlo posteriormente que estén todos listos.
Se acostumbra acá, no freírlos hasta que el tiempo de servirlos sea poco, ya que de esa forma llegan a una temperatura templada a la boca de los comensales.
Usted puede guardarlos en la nevera o mantenerlos a temperatura ambiente si el lapso para freírlos no es demasiado largo.
Cuando llegue el momento de terminar de crear este Frankestein culinario venezolano, usted debe tener en cuenta que el aceite debe estar suficientemente caliente, ya que el tiempo que estos permanecerán en el sartén o caldero será aproximadamente de dos a cuatro minutos, hasta que estos se encuentren dorados.
Sáquelos y colóquelos sobre papel absorbente o sobre una cesta para que escurra los restos de aceite y deje enfriar por unos dos minutos antes de servirlos.
Como pasapalos se utilizan solos, pero como plato principal se acostumbra acompañarlo con diversos tipos de salsas, al gusto y preferencia del comensal, la más tradicional acá es la tártara o simplemente mayonesa.
Las combinaciones quedan a la imaginación y pericia del cocinero o la cocinera.
Hay variaciones diferentes que mantienen la misma masa pero cambian el relleno y utilizan algunos además de queso, jamón, otros salchichas y los más atrevidos incluso pollo o carne.
Existe una variación zuliana en la cual al queso le agregan jamón y plátano maduro frito y lo llaman tequeyoyo.
Queda para usted inventar, crear o mantener la esencia del mismo.
Cierro con dos comentarios.
Hay quienes duplican el tamaño original de estos pasapalos y como los hacen muy largos se les ha dado por llamar en estas tierras tequeñones y existe igualmente una expresión popular que asocia a las personas de baja estatura con el nombre de este pasapalo.
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